Frederic Mompou, un músico de pocas notas
Nació en Barcelona en 1893 y compuso durante décadas sin salirse de un método muy suyo: piezas breves para piano solo, con silencios largos y pocas notas. Escribió una vez que era un hombre de pocas palabras y un músico de pocas notas. La definición le sirvió hasta el final.
Frederic Mompou (Barcelona, 1893–1987) escribió casi toda su obra para piano solo. La escribió en piezas cortas, agrupadas a veces en cuadernos que iba completando a lo largo de décadas —las Cançons i danses, por ejemplo, las fue reuniendo entre 1918 y 1972— y siempre dentro de un procedimiento muy reconocible: silencios largos, acordes espaciados, escasa densidad de notas.
Estudió piano en el Conservatorio del Liceu con Pere Serra y dio su primer recital público a los quince años. En 1909 escuchó en Barcelona un recital de Gabriel Fauré y decidió que quería dedicarse a componer. Dos años después viajó a París con una carta de recomendación que Enrique Granados le había escrito para Fauré, entonces director del Conservatorio de la ciudad. Nunca la entregó: la timidez le impidió llamar a la puerta del despacho y se marchó sin entrar. Acabó tomando clases particulares de piano con Isidor Philipp y Ferdinand Motte-Lacroix, y de armonía con Marcel Samuel-Rousseau. La carrera de concertista la abandonó también pronto, por la misma razón. A partir de ahí se dedicó solo a componer.
Vivió entre Barcelona y París durante buena parte de su vida. En 1941, después de la Guerra Civil y con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha, se instaló definitivamente en Barcelona. Ese mismo año conoció a la pianista Carmen Bravo, con quien acabaría casándose. Antes de eso había pasado por una crisis creativa larga, a partir de 1933, ligada a su incomodidad con la música que llegaba entonces desde Viena. Cuando la crisis se cerró, volvió a componer con el mismo método de siempre.
Su obra más citada, Música callada, la escribió entre 1951 y 1967. Son veintiocho piezas para piano agrupadas en cuatro cuadernos, publicados por separado en 1959, 1962, 1965 y 1967. El título viene de dos versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz: «la música callada, la soledad sonora». Casi todas las piezas duran menos de tres minutos, tienen un tempo lento y están construidas alrededor de repeticiones muy leves, con la mayor parte del pentagrama sin ocupar. En una presentación de la obra, Mompou escribió: «Esta música no tiene aire ni luz. Es un débil latir del corazón. No se le pide llegar más allá de unos milímetros en el espacio». En otra ocasión resumió su método con una frase que se cita a menudo: «Como todos sabéis, soy un hombre de pocas palabras y un músico de pocas notas.»
De niño oía en la casa familiar las campanas de la Fundición Dencausse, propiedad de su abuelo materno. Ese sonido metálico —un acorde que él mismo llamaba «acorde metálico»— aparece en muchas de sus piezas, como resonancia lejana. Su hermano mayor, Josep Mompou, era pintor, y dibujó la masía sencilla que ilustró las portadas de muchas de sus partituras publicadas.
Mompou aparece a menudo en las listas de precursores del minimalismo musical, un movimiento que empezó a articularse en Estados Unidos treinta o cuarenta años después de sus primeras obras. Él no reclamó nunca ese parentesco. Componía en un piso de Barcelona, tocaba en privado y publicaba lo justo. En 1978 una hemorragia cerebral le impidió seguir componiendo. Vivió otros nueve años y murió en la misma ciudad en la que había nacido, con noventa y cuatro.