El Café Schindler abrió en Innsbruck en 1922. Era el tipo de café que define una ciudad: mesas de mármol, paredes con espejos, pasteles vieneses, una clientela que incluía a lo mejor y a lo peor de la burguesía alpina.

La familia Schindler era judía. En 1938, con el Anschluss, perdieron el café. Huyeron. Sobrevivieron, algunos de ellos, en Inglaterra.

Meredith Schindler, bisnieta del fundador, nació en Londres, creció en Londres, y pasó años investigando la historia del café que su familia había perdido antes de que ella naciera. El libro que escribió sobre esa investigación se publicó en 2021.

Lo que queda de un lugar

El café existe todavía. Ha cambiado de manos, de nombre, de decoración. El mármol de las mesas puede ser el mismo o puede no serlo. La dirección es la misma. El número es el mismo.

¿Es el mismo lugar? La pregunta no tiene respuesta. Tiene historia.