En Bayona, en el barrio de Saint-Esprit, orilla derecha del Adour, hay un cine que se llama L'Atalante. Funciona desde 1990. Lo gestiona una asociación de espectadores.

Esa frase, escrita así, suena más neutra de lo que es. En la práctica quiere decir que el público del cine, cuando la explotación anterior se hundió, decidió no perderlo y montó la estructura necesaria para seguir teniéndolo. No es una gestión asociativa en el sentido burocrático. Es literalmente que la gente que iba al cine no se resignó a que cerrara.

La sala tiene una línea de continuidad más larga que su nombre actual. En 1913, la familia Jourdan abrió en el mismo barrio el Cinéma Saint-Esprit, el más antiguo de la región. Después de la Segunda Guerra Mundial pasó a llamarse Vox. En 1983 lo retomó una sala del movimiento Utopia, con programación en versión original y en el registro del cine de arte y ensayo. En 1989, la explotación de Utopia Bayonne se hundió. La sala quedó sin gestor.

Ese fue el momento decisivo. Lo habitual, cuando cierra un cine de barrio, es que cierre. Alguien compra el edificio, o queda vacío hasta que se decide otra cosa. En Saint-Esprit no ocurrió. Los espectadores habituales, personas que llevaban años viendo películas allí en versión original, montaron una asociación llamada Cinéma & Cultures y retomaron la explotación. Con apoyo del Ayuntamiento, pero sin dejar de ser una asociación de espectadores. En 1990 reabrieron la sala. Le pusieron L'Atalante, por Jean Vigo.

Los cines suelen ser gestionados por alguien que ama el cine. L'Atalante es gestionado por la gente que va a él.

Un lugar sostenido desde abajo

Han pasado más de treinta años. En 2004 el Ayuntamiento compró el local del muelle del Almirante Sala, junto al puente Saint-Esprit. En 2019 se estrenó una nueva sede con tres salas, obra del arquitecto Farid Azib. La programación ha crecido, la sala ha recibido premios, entre ellos el que le dio el CNC en 2016 a la sala innovadora del año.

L'Atalante sigue siendo un cine que existe porque un grupo de personas, en un momento concreto, decidió que quería seguir teniéndolo. Eso lo distingue de casi cualquier sala equivalente. La mayoría de los cines de arte y ensayo son iniciativas de un propietario que ama el cine, o de una institución cultural que decide que su ciudad debe tener uno. L'Atalante no es ninguna de las dos cosas. Es una sala que empezó como respuesta a un cierre y que se ha mantenido por acumulación de decisiones individuales de ir a verla.

Un cine así funciona de otra manera. La estructura se ha profesionalizado con los años, tiene dirección, presupuesto, plantilla y consejo, como cualquier institución cultural comparable. Pero el punto de partida sigue marcando lo que hace. Una sala que empieza como respuesta colectiva a un cierre construye a lo largo del tiempo una relación distinta con quienes la frecuentan, y esa relación es difícil de replicar en una sala fundada por un propietario o una institución.

L'Atalante sigue dependiendo, como cualquier sala independiente, de subvenciones y de decisiones municipales que podrían revertirse. La diferencia con las demás es sólo cómo empezó. Y ese origen se sigue notando en la sala.