Hay bandas que se presentan con un manifiesto y hay bandas que se presentan con una frase. Los Requesones eligieron la segunda opción y la frase es esta: No tenemos nada que decir pero lo decimos bien. Cuesta encontrar una declaración de intenciones más honesta en un grupo que, a la vanguardia de la nada, no aspira a llenar nada grande.

Son de Donostia. Tienen temas propios. Tocan en bares un viernes por la noche. El circuito pequeño, el de siempre, el que no depende de que ningún festival te descubra.

El problema de tener algo que decir

La mayoría de las bandas de rock indie español de los últimos veinte años han cargado con el peso de tener algo importante que comunicar. Letras sobre la precariedad, sobre la identidad, sobre lo que se perdió y lo que no llegó. No está mal. Pero hay algo descansado en una banda que renuncia a esa carga desde el principio y hace poesía vacía sin disculparse por ello.

La Octava Nota (2022), Algo Debo Ser (2023) y No te sangrarán los oídos son discos que no intentan ser más de lo que son. Dos guitarristas que cantan, bases pregrabadas, y en directo dos maniquíes que completan el escenario sin pedir nada a cambio. Una formación que podría sonar a chiste y que en la práctica funciona con más coherencia de lo que cualquier descripción sugiere.

Tienen una canción que acumula quieros al principio: quiero vivir, quiero sentir, quiero olvidar, quiero soltar. No es un himno. Es más tranquila que eso. Poesía vacía en el mejor sentido: palabras que no necesitan demostrar nada para funcionar.

Mi Ciudad tiene algo que suena a Donostia sin necesitar nombrarlo, que suena a quedarse en el lugar de siempre sin que eso sea una derrota.

Lo que significa seguir

Tienen web, tienen redes, tienen las canciones en las plataformas para quien las quiera encontrar. Sus conciertos son los que son. Su música llega a quien llega.

Invierten en ganas, en ilusión, en equipo. El retorno en forma de bolos no siempre acompaña. Inversión sin retorno, victoria tras victoria hasta la derrota final: que sigan tocando, que sigan sacando canciones, que aparezcan en un bar un viernes sin que nadie haya montado un evento alrededor es exactamente el tipo de persistencia que no genera titulares y que sin embargo construye algo. No saben qué, probablemente. Pero lo están construyendo bien.