El universo observable tiene unos noventa y tres mil millones de años luz de diámetro, podría contener algo así como dos billones de galaxias y lleva existiendo aproximadamente trece mil ochocientos millones de años. Ninguno de estos datos va a cambiar nada de lo que tenías pensado hacer hoy. Aun así, conviene tenerlos presentes de vez en cuando.

Lo que sigue son instrucciones para hacer eso sin entrar en crisis existencial, o al menos sin que la crisis existencial dure más de lo razonable.

I. Mirar el cielo sin sacar el móvil

Sal de noche. Mira hacia arriba. No abras ninguna aplicación que te diga el nombre de las estrellas. No hace falta saber cómo se llaman. Llevan ahí mucho más tiempo del que tú llevas preguntándote su nombre, y seguirán ahí cuando hayas dejado de preguntarte cosas.

II. Interiorizar que la luz tiene retraso

La luz de algunas estrellas que ves tardó cientos o miles de años en llegar a tus ojos. Algunas podrían haber cambiado o incluso haber dejado de existir. Estás mirando el pasado sin pretenderlo. Si esto te produce una sensación rara, esa sensación es la respuesta correcta.

III. Intentar imaginar un billón de algo

Mil millones de años. Dos billones de galaxias. Noventa y tres mil millones de años luz.

Ninguna de estas cifras significa gran cosa para un cerebro humano, bastante mejor preparado para contar cosas que caben en una habitación. Inténtalo de todas formas. El momento en que te rindes es el momento en que empieza a funcionar.

IV. Recordar que el planeta tiene cuatro mil quinientos millones de años

Tú llevas aquí, en el mejor de los casos, alrededor de un siglo. La mayoría de la historia de la Tierra ocurrió sin testigos que tomaran notas. Todo lo que consideramos importante sucedió en el último instante geológico, que es otra manera de decir que acabamos de llegar y ya estamos muy ocupados.

V. No sacar ninguna conclusión motivacional

El universo no te está diciendo que aproveches el tiempo ni que persigas tus sueños. No te está diciendo nada porque no sabe que existes.

Esto no es una invitación al nihilismo. Es simplemente la situación.

VI. Seguir con lo que estabas haciendo

Después de todo esto, vuelve a lo que tenías. El café, la conversación, el libro, el paseo.

No porque sea lo importante —a escala cósmica no lo es—, sino porque es lo que hay y también, en su escala, tiene algo.