Clube da Esquina, lejos de la esquina
El disco lleva el nombre de una esquina de Belo Horizonte, se grabó frente al mar en Niterói, y los dos niños de la portada no tenían nada que ver con ninguna de las dos cosas.
En el barrio de Santa Tereza, en Belo Horizonte, la calle Divinópolis se cruza con la calle Paraisópolis. A principios de los sesenta, Lô Borges y sus amigos se sentaban ahí a tocar la guitarra y a hablar de los Beatles y de bossa nova. Cuando alguien preguntaba por él en casa, su madre respondía que estaba en la esquina, en el «club de la esquina». El nombre salió de ahí, sin más pretensión que esa.
Milton Nascimento había llegado a Belo Horizonte en 1963 desde Três Pontas, una ciudad pequeña del sur de Minas Gerais. Se instaló en el mismo edificio que la familia Borges y empezó a escribir canciones con Márcio, uno de los hermanos mayores. Lô tenía entonces diez años. A su alrededor se fue formando un grupo de músicos y letristas: Fernando Brant, Ronaldo Bastos, Beto Guedes, Toninho Horta, Wagner Tiso. No era un grupo con un nombre ni un programa. Era gente que coincidía.
El disco que lleva ese nombre no se hizo en la esquina. En 1971 alquilaron una casa en Mar Azul, junto a la playa de Piratininga, en Niterói, al otro lado de la bahía de Río, y pasaron allí meses ensayando y componiendo. La grabación se terminó en los estudios de Odeon en Río. La discográfica no quería un álbum doble, pero salió doble, en marzo de 1972: veintiuna canciones firmadas por Milton y Lô, que aún no había cumplido veinte años. Mezclaba pop de los Beatles, jazz, bossa nova, arreglos orquestales y algo difícil de ubicar que acabó llamándose sonido mineiro. Parte de la crítica brasileña lo despachó como «pobre y desechable».
La portada es una foto de dos niños sentados al borde de un camino de tierra. La hizo el fotógrafo Cafi desde la ventanilla de un coche, cerca de Nova Friburgo, en el estado de Río, y siguió su camino. Durante décadas se dio por hecho que eran Milton y Lô de pequeños. No lo eran. En 2012, cuando un periódico de Minas preparaba el cuarenta aniversario del disco, localizó a los dos niños, ya adultos: Cacau y Tonho. Ninguno de los dos sabía que estaba en la portada. Demandaron a los músicos y a la discográfica; en 2023 un juzgado de Río archivó la demanda por prescripción.
Medio siglo después, Clube da Esquina aparece en lo más alto de las listas de mejores discos brasileños. La esquina sigue en Santa Tereza. El disco se grabó a más de cuatrocientos kilómetros, y la foto más reconocible asociada a la esquina es de dos chavales de otro sitio que no tenían nada que ver con el disco.